Christine creció en Boston y ha estado diez años viviendo en Londres. Previamente, había trabajado como psicóloga antes de empezar a publicar novelas en sus treinta. Ahora vive en Vermont con su marido y sus dos hijos, le gusta pasar su tiempo libre visitando antiguos cementerios y leyendo y viendo series de ficción histórica.
Suelo ir a trabajar a un espacio de coworking con temática tropical con palmeras, aunque vivo en una parte muy fría de Estados Unidos. Compro un cappuccino en la cafetería y me siento en un sitio soleado con vistas al lago para empezar a trabajar y suelo escuchar música. A veces escucho la misma canción en bucle, una y otra vez. Suelo trabajar mejor cuando estoy escribiendo al mismo tiempo que mis amigos y así vamos actualizando cómo progresamos.
Me gusta mucho Mordred, uno de los personajes de La torre de avalon. Además, el hecoh de que se sienta muy solo hace que quiera escogerlo.
Enemies to lovers, pero voy a ser más específica: me gustan mucho las relaciones falsas que son parte de un enemis to lovers.
Solo recuerdo haber llorado una vez, cuando estaba acabando Vale of Dreams. Pero no suelo llorar fácilmente.
REGLAS DE LA ACADEMIA: 1. Espiar a los fey. 2. No enamorarte de tus compañeros. 3. No morir en el proceso. La idea que tenía de mis vacaciones era leer y beber champán en la playa. Entonces, ¿cómo he podido acabar metida en una academia de espías de élite, entrenándome para combatir a unos seres letales? Quiero echarle la culpa al maldito, arrogante y sexi agente que me secuestró: Raphael. Pero, en realidad, la culpa es mía, por poseer ese extraño poder mágico que, según dicen, corre por mis venas...
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