Q&A
¿Recuerdas la primera historia que creaste?
Recuerdo muy bien la primera historia que creé. Creo que fue precisamente durante las vacaciones de Navidad. Mi padre me había regalado una Olivetti Lettera 22. Y fue en esa magnífica máquina de escribir portátil de color verde oliva —sentada en el suelo del salón de mis abuelos (con su moqueta de pelo largo y muebles de madera)— donde escribí mi primera historia. Si mal no recuerdo, se trataba de una especie de cuento: ¡un vagabundo bailarín de claqué que se convertía en una estrella!
¿Cómo sería tu sábado perfecto?
Mi sábado es casi siempre perfecto: me despierto, no demasiado tarde para no perder el día. Desayuno mientras leo la prensa en mi iPad. Luego, todavía en pijama, trabajo. Ya sea hasta media tarde o hasta el mediodía (esto último ocurre cuando voy a hacer algunos recados con mi hija). Después, quedo con unas amigas para tomar algo «no demasiado tarde», ¡lo cual siempre termina en cena! Me encanta ir a Le Fumoir, detrás del Louvre. Aunque mis amigas se quejen diciendo que hay demasiada gente y que tendremos que esperar. En verano, podemos sentarnos en la terraza y ver cómo la fachada del Louvre destaca sobre un cielo de un azul casi violeta. En invierno, disfrutamos del ambiente increíble de la Rue de Rivoli
¿Con cuál de tus personajes te gustaría tomar un café o un té?
¡Me encantaría tomar un café con cruasán con Odette y un cóctel de autor con Alex! Estoy segura de que me contarían todos los secretos del Rivoli Palace. Y luego dejaría tranquilos a los jóvenes. ¡No necesitan cargar con la vieja autora que los creó!
¿Tienes algún ritual especial a la hora de sentarte a escribir?
Me encantan los escritorios situados en zonas elevadas, bajo el tejado, por ejemplo. Me gusta ver el cielo o un paisaje bonito cuando levanto la vista. Pero, en realidad, puedo escribir en cualquier sitio: en una cafetería, en el tren, en casa, en un rincón de la mesa… Tengo un único ritual: el café. Cuando escribo, necesito café.